El antiguo barrio árabe de El Albaicín, con sus fachadas de cal, sus serpientes de sombra y sus cármenes ocultos, es un laberinto de calles empinadas, con miradores a la Alhambra. Recorrerlo de día nos depara un paseo radiante, pero al anochecer nos transporta a las visiones de los viajeros románticos por su tenue iluminación.