La segunda ciudad de Francia es un conjunto de buenas playas, escelente gastronomía y una multiculturalidad que palpita en sus bohemias calles, una de las razones por las que fue elegida Capital Europea de la Cultura del 2013. El puerto viejo es el centro neurológico de la ciudad. Está rodeado de antiguos y bohemios barrios, y la estación de metro que llega a él pareciese salir desde el fondo del Mediterráneo.