El templo de Bel es el vestigio más grande y mejor conservado de Palmira. Se localiza sobre un promontorio, fuera de las murallas. El santuario del Dios Bel, del año 32, ocupa el centro de una gran patio rodeado por un muro que medía 15 metros de altura. Se distingue el altar de los sacrificios, el pasadizo que unía el templo con el exterior y una sala de banquetes.