Al oeste del Castillo de Praga se extiende un barrio aristocrático y tranquilo, de calles silenciosas y algún templo. Ahí se halla el monasterio Strahov que data del siglo XII, en lo más alto de la ciudad, que guarda el órgano que tocó Mozart y una de las bibliotecas más bellas del mundo en su Sala Filarmónica, cuyo techo lo decora un hermoso fresco del siglo XVIII, que simboliza "La lucha de la Humanidad por el conocimiento de la sabiduría auténtica".